No necesito que le pase nada, ni que deje de existir, para hacerle mi pequeño homenaje.
Revisando documentos viejos, encontré el video de la entrevista que le hice a Roberto Gómez Bolaños para En Vivo el año pasado, y lo que escribí luego de conocerlo.
Quise postearlo… espero que les guste. Dice 79 años porque esa edad tenía cuando lo conocí. El video es de marzo de 2008, lamento que la calidad no sea la mejor.
Un Chavo de 79 años
No contaba con la astucia de este hombre, capaz de mantenerse joven y chispeante a sus casi ocho décadas. Cuando entró por la puerta del teatro, me costó entender que era el mismo que se ponía mallas rojas y caía por la ventana. Tampoco se me pareció al que lloraba diciendo “pipipipipipipi” y corría al barril. Era un señor dulce, al que sólo le faltaban las pecas y la ropa raída para convertirse en mi Chavo del 8.
“Don Roberto, déjeme comenzar diciendo que yo me leí sus dos libros” – le dije. “Ay, ¿y no me guardas rencor?” me dijo sonriendo. Jamás. Sólo leyendo su biografía pude entender cómo “sin querer queriendo”, lo que pudo haber sido una carrera de ingeniería se transformó en una vida de risas, libretos y música para todo público.
En la conversación que poco a poco fuimos tejiendo – yo, hablando fuerte y pronunciando bien, por aquello de su sordera, y él, alargando las respuestas y tocándose los cachetes – reconocí la mirada del Chavo. Y la del Chómpiras. Y la del Chapulín. Ahí estaban. Vivos cada uno en ese cuerpo chaparrito y en su voz ronqueta.
- “Entonces te llamas Marianella…”
Le dije que sí, pero que mis amigos me dicen Nela.
- “Ah bueno, yo puedo decirte Nela”.
Claro que sí. Si lo conozco desde que me sentaba a ver a los Caquitos por la tarde, con mi papá. Si mi papá, de cariño, me llama “chapatín”, cómo no va a poder el Chavo decirme Nela.
En una pérdida de la objetividad y la seriedad periodística (huy, qué grave) me permití decirle, “gracias por invitarnos a juegar”. Don Roberto, es que no sabe cuántas veces recitamos “El perro arrepentido” en los recreos, o cómo nos dolían aquellas cachetadas del Botija. Cuánto nos reímos en clases de historia con el profesor Jirafales, o cuánto hubiéramos dado muchos niños por poder invitar al Chavo a nuestra casa a comer una, dos,… las tortas de jamón que quisiera.
De la mano de este hombre bajito de estatura pero grande en ingenio y sabiduría, todos aprendimos que la venganza nunca es buena… (ustedes saben en qué termina la frase, ¿verdad?); que los adultos, por viejos y ocupados que parezcan, son en el fondo como niños grandes; que la imaginación es el juguete más maravilloso, porque jamás se gasta y siempre sirve para juegos nuevos, y que no importa cuán triste se sienta uno, siempre hay dos salidas: buscar a los “cuates” para juegar… o llorar un ratito en el barril.
El Chavo del 8 ya cumplió 79 años. Sigue escribiendo. En menos de una hora saldrá a escena con un personaje que no he visto antes, pero a mí no me engaña este Chavo “adulto”… en el fondo de sus ojos claros y vivarachos, sólo está esperando una excusa para reír. Y con él, nos reímos todos.

Maldito cáncer.







Creo que Juan practica todos los deportes que existen, y los que no se han inventado, él los imaginó.
